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martes, 21 de diciembre de 2010

EL PAÍS: de la redacción a la rotativa. Encuentro con sus periodistas


El jueves 16 de noviembre a las 9:30, unas 60 personas de los másteres MUIP y Máster Oficial en Periodismo y Divulgación de la UCM nos reunimos en la sede de EL PAÍS de Madrid, sito. en la c/ Miguel Yuste, 40, cerca del metro Suanzes, en el ensanche de la Ciudad Lineal. Allí con una visita guiada con Judit pudimos ver la organización y el funcionamiento del equipo de redacción, la rotativa y los almacenes de EL PAÍS, además de escuchar de primera mano los testimonios de algunos periodistas que citaré más adelante.

Una linotipia de 1902 nos recuerda, al llegar a las instalaciones de EL PAÍS la velocidad con que cambian los soportes por los que circulan las palabras. Sorprende el tamaño del teclado y su diferencia con respecto a las máquinas de escribir Olivetti con que algunos nos criamos. Pero, mmm... esta no se puede llevar bajo el brazo.

La larga pregunta antes la lógica tiene la distribución de este teclado no es otra que la de dificultar la velocidad de escritura, sí, ya que si las letras tuvieran una disposición ordenada podríamos escribir más rápido. En la entrada, una colección de periódicos sobre la mesa: El País, El Mundo, ABC, Público, La Vanguardia, El Periódico, AS, Marca, El Economista, Expansión, Cinco Días... de la fecha del 16-12 apilados, listos para ser consultados. Una portada del 24-F de 1981 y otra decorativa figuran entre los sofás de la antesala, donde esperamos para reunirnos e iniciar la visita guiada por la sede del más prestigioso matinal de España.


En el centro de ésta hay un monumento conmemorativo al 20 aniversario de EL PAÍS en 1996, que este año cumpliría su 34 aniversario. En este lugar esperamos a estar todos reunidos y visitar las plantas de redacción de EL PAÍS, la rotativa, los almacenes, lugar de distribución del noticiero y a escuchar y hacer unas preguntas a algunos periodistas de esta firma: Ramón Lobo, Lola Huete, Gumersindo Fernández y Natalia Junquera.



Atravesamos un pasillo alargado hasta llegar a la segunda planta, donde estaba el Equipo de Redacción, todo acristalado y con una moqueta gris y blandita. Allí, nuestra guía, Judit, nos estuvo comentando cómo es la jornada de un periodista: llegan entre las 10:30 y 11:00 y están hasta las 18:30, momento en que hay una reunión con el Jefe de Redacción y donde cada uno ha de defender la relevancia de su artículo y titular para figurar en portada. Antes de hacer esto, los periodistas han estado buceando en la información recibida en internet por medio de agencias o fuentes, contrastando con rigurosidad la información, o bien, a pie de calle, con la cámara, grabadora, móvil, mp3, tabletas u otros dispositivos tecnológicos, entrevistando a alguien, asistiendo a algún evento o acontecimiento social. Los periodistas trabajan en la redación con un programa de su Intranet, el Hermes que, bautizado así como el mensajero de los dioses, consiste en un programa que maqueta automáticamente el texto con unos márgenes y si te pasas de caracteres te escribe en rojo, para que no tengas que estar contando.



Al llegar a la redacción, lo primero que llama la atención es la planicie sin límites de grupitos de mesas. Esta organización física simboliza que todos los periodistas están al mismo nivel, como si se tratase de una mesa redonda. Cada agrupación de mesas tiene "casi con un ordenador por periodista" y un teléfono por cada grupito de mesas con unas 6 ó 7 personas cada una, según nos atestigua Judit. En la mesa central se reúnen unos 13 ó 14 periodistas para tomar las decisiones más importantes: el equipo directivo.  Judit nos explica que la edición digital y la de papel son básicamente iguales, salvo en las actualizaciones de titular o cambios de contenido puntuales de última hora en internet. Observamos la presencia de teléfonos sobre las mesas, que le dan un aire antiguo al lugar y lo hacen más acogedor, aunque su función es similar a la de las macetas que iluminan la estancia: los periodistas usan más los móviles aunque estén ahí los teléfonos con cables.

 

Esta es una breve panorámica de la sala de redacción principal:

video
                                    


Nuestra guía nos informa de cómo algunos artículos van quedando cerrados antes y otros llegan más a última hora y de cómo son los diferentes ritmos de trabajo. El cierre de edición es a las 23:00 ó 24:00 hrs., el nacional y el local a las 2:30 de la mañana. También hay unos 6 ó 7 periodistas que trabajan durante el turno nocturno. Hay tres velocidades o modalidades de periodismo. Está el de edición papel: nacional o local; la edición multimedia de 24 hrs. de "elpais.com", coordinado por Gumersindo Lafuente y el semanal, los fines de semana, que incorpora artículos más de fondo como relatos, reportajes, crónicas, entrevistas, análisis, opinión, creación literaria, es un nivel donde "la calidad de la escritura se cuida más" en palabras de Lola Huete.
                       

Vemos a Ramón Lobo, que acaba de llegar a su lugar de trabajo, sacando su portátil de la bolsa y dispuesto a contestar a sus blogueros, a la vez que enciende el monitor del ordenador de la oficina. Cierto, dos pantallas trabajan mejor que una. Esto me recordó aquellas pantallas de la visita de los equipos de redacción de EFE que tenían tres monitores de ordenador y un sólo ratón que se paseaba por las tres con facilidad. Tecnología punta. Además, los periodistas tienen un visor grande en medio de la sala de redacción, donde van saliendo las portadas de periódicos de referencia internacionales como The Guardian, NYT, Le Monde, Der Spiegel, etc... Van llegando los periodistas.

Tras algunas preguntas bajamos a la planta primera, donde estaba una sala de redacción por cuyas puertas automáticas está grabado el logo del periódico deportivo AS, donde vemos un grupito de periodistas reunidos. Pasamos de largo por otros equipos de redacción con elementos y mobiliario muy simples y prácticos: perchas, mesas lisas y ordenadoas con libros, papeles escritos y algunos recortes de periódico, sillas ergonómicas, moqueta, iluminación de halógenos, cristales transparentes y corchos con información sobre la continuación de la huelga del 29-S junto con algunas circulares de empresa y otros recortes de periódico. La presencia de plantitas verdes en macetas le da un aire de serenidad a un lugar donde la información fluye de manera vertiginosa. Seguramente su presencia reconforte al profesional tanto como la presencia de un minino.



El ambiente de trabajo parece muy acogedor, simplemente por la disposición uniforme y sencilla del mobiliario, la disposición horizontal de las mesas, la escasa presencia de obstáculos entre los grupos de mesitas, la buena visibilidad, los ordenadores y las plantitas.



Nos cruzamos con algunos periodistas por las escaleras de bajada y llegamos a la planta baja para reunirnos en la calle, donde nuestra guía nos explica las horas de cierre de las diferentes ediciones para su posterior distribución a la capital y alrededores. Vemos desde allí los edificios de los despachos, almacenes y la rotativa de EL PAÍS. También las 12 dársenas de salida de distribución de los ejemplares cuando las ediciones ya se han cerrado por la noche o de madrugada, como he comentado antes.

Luego llegamos a la rotativa. Allí vimos la inmensa montaña rusa de los jornales, que se imprimen a 17.000 unidades por hora. Se ve que los periódicos tienen Prisa. Y todo este complejo mecanismo se puede detener pulsando un botón si es por cambiar algún titular, elemento de la portada o algo sustancial en el contenido. Es el caso de la película "El cuarto poder". (Deadline USA), de 1952, de Richard Brooks, donde, además de poder ver bien de cerca el funcionamiento de una rotativa, se detiene la impresión a la mitad, sólo por cambiar un titular, un cambio que supone un enfoque totalmente distinto en la información que se estaba publicando.





Y nos metimos en un cubículo -como el de la película The Cube- que nos transportó hasta la planta donde pudimos ver cómo se cocinan los matinales


No sin antes hacer un recorrido por la evolución de la fotografía y el texto en 1967, 1969, 1981, 1989 y el 11-S del 2001, como podéis apreciar en las portadas.







Una vez llegamos a la sala de procesado donde están los líquidos de la tinta y el agua nuestra mensajera nos mostró las planchas de aluminio donde se imprimen las tintas con los colores primarios: amarillo, cian y magenta junto con el negro. Nos estuvo explicando que esas planchas van montadas sobre los grandes cilindros de la rotativa y que junto con las grasas, la tinta y el agua se forma una película hidrófila y otra hidrófoba con el fin de que se produzca la reacción química y se pegue la tinta en las placas. En la nave de la rotativa grandes cilindros de papel son humedecidos con aspersores para que este líquido viscoso se adhiera al este delicado material. Se fija esta impresión de las planchas sobre el papel mediante unos rodillos que giran a alta velocidad mediante la impresión offset, que consiste en aplicar la tinta (que es grasa) sobre una plancha metálica de aluminio como la que podemos ver en la fotografía. Las partes en que se impregna este fluido tienen una sustancia hidrófoba, que repele el agua, mientras que los espacios en blanco de la lámina se mojan con agua para que impida que la tinta se adhiera en esos lugares.

Una curiosidad: si sumamos las dos páginas colaterales del mismo pliego de un periódico, tiene que dar como resultado el número total de páginas de éste.



Más tarde, la plancha se transfiere a los rodillos de goma que producen la impresión sobre el papel a gran velocidad.






Acabado este proceso, pasan por rodillos y por una secadora de prensa, que consiste en una serie de palancas que golpean el papel para que se seque, una peluquería de periódicos. Aunque aún así siguen pringando los dedos de tinta y uno espera no terminar envenenado como Jorge, el personaje de El nombre de la rosa.


Los pliegos que van a formar parte de una publicación se van cortando y plegando a partir de grandes rollos como este:



Después estos grandes cilindros de papel muy finos de espesor se humidifican con aspersores, como si esto fuera un invernadero de diarios para que queden en su punto y no se quiebren o desmenucen durante su proceso de impresión...



Mientras bajábamos las escaleras sentimos cómo en aquellos momentos sobrevolaban por encima de nosotros cientos de Babelias, los semanales del sábado. Algunos intentamos fotografiar la portada en primicia del suplemento El Viajero, pero allí todo está calculado, fue imposible...





Otros intentaron hacerse con un número, infructuosamente...





Así pudimos ver cómo cientos y cientos de artículos recorren cada día largos y enrevesados circuitos para secarse con mayor facilidad, probablemente. Finalmente, se empacan, esto es, se introduce en medio la publicidad y los suplementos como el suplemento de NYT o los magacines como Babelia, El País Semanal, El Viajero, Ciberp@ís o Negocios.


Y se apilan y colocan todos en grandes contenedores como este, donde caben 3000 ejemplares:



Se transportan en rodillos y con ayuda de máquinas se introducen en los camiones de reparto. La tirada media aproximada es de unos 370.000 ejemplares al día.




Vistos los aspectos técnicos pasamos a la sala de reuniones del edificio, donde tuvimos la oportunidad de escuchar y hacer algunas preguntas a Gurmersindo Lafuente, Lola Huete, Ramón Lobo y Natalia Junquera.



 Allí, nos regalaron los rotativos de aquel jueves junto con un bloc con anillas alargado, de tamaño de la tercera parte de un A-4 y un bolígrafo de este periódico, uno de los cinco en que confió Wikileaks sus primicias, para escribir crónicas como esta. En sus testimonios nos hablaron en esencia de la importancia de escribir desde la sensibilidad, las experiencias propias y sobre todo la pasión por contar, mostrar, escribir historias cada uno desde su lugar único en el universo.

Gumersindo Lafuente hizo especial hincapié en la comunicación 2.0, la interactividad y la importancia de estar en contacto continuamente con el público; Ramón Lobo incidió en la importancia de reflejar el mundo desde dentro, desde nuestra visión única interior; Lola Huete puso atención en la importancia de utilizar la imaginación y el talento, en profundizar en los acontecimientos y en hacer reflexionar a los lectores mediante artículos más de fondo y que profundicen y posibiliten buscar las causas, consecuencias y posibilidades de  todo aquello que por necesidades de cierre de edición se ve limitado a una información más superficial y efímera; Natalia Junquera nos mostró la importancia de luchar por hacer lo que a uno le gusta y le realiza con mayor plenitud como ser humano, la importancia de la constancia y de escribir con emoción y desde el sentimiento y calificó su trabajo como "la profesión más bonita del mundo".

También nos confesaron que es cierto que a veces hay muchísimo trabajo, como sucede ahora con los papeles secretos del Pentágono, pero que también hay otros momentos en que hay que salir a buscar las noticias y mantener un equilibrio en la tensión informativa. Especial interés para la publicación tienen las informaciones al pie de calle, elaboradas por reporteros, con entrevistas, vídeos, imágenes, tratamiento de información de primera mano, los contactos y las fuentes primarias. Sindo recalcó la importancia para un periodista de sus fuentes, de su número de seguidores en redes sociales como FacebookTwitter, de su interactividad con la sociedad, ya que sus contactos le permitirán distribuir la información de su medio a un mayor número de usuarios. En este punto Lola Huete apunta a la importancia de aprovecharse de fuentes como taxistas o gente que conoces al llegar a un lugar  por primera vez. Otro de los puntos de los que se habló fue la dificultad de tratar el monográfico sobre el 11-M y cómo tenían que redactar aquellas historias sin poder dejar de emocionarse. Ese fue el momento más duro, según declara Lola Huete, pero tenían que mostrar al mundo aquellas historias y los temas que se tratan afectan al que escribe. Es por eso por lo que no se tratan temas delicados o especialmente duros como tragedias, conflictos o dramas durante un periodo prolongado -no más de tres meses-, porque al final eso acaba afectándole a uno. Lafuente mostró la importancia de que los medios no se dobleguen a los poderes oficiales en el caso de la presión que hacen los gobiernos actualmente a la libertad de prensa debido a las incómodas filtraciones de Wikileaks. Ante la actitud del poder frente a estas recientes revelaciones, Gumersindo defiende que ante todo debemos luchar por una prensa libre y transparente y Natalia plantea que la primera respuesta siempre es "atacar al mensajero" y refugiarse en el marco de la "seguridad nacional". Ramón Lobo incita al público a luchar por defender lo público y denunciar muchas veces la absoluta impunidad de que gozan "los gobernantes con dos lenguajes" y sostiene que la democratización a que se están viendo sometidos los medios favorecerá esta tendencia al desenmascaramiento y llevará a un mayor compromiso social. Ramón Lobo nos recomienda, finalmente, ante nuestro interés por el periodismo digital, dos entrevistas, una de Pedro Alzaga, publicada pinchando en este enlace y otra de Jon Lee Anderson, reportero del New Yorker, donde se habla de cómo el exceso de información se acerca más a la manipulación y del periodismo en internet: http://periodismoparaperiodistas.blogspot.com/2010/11/jon-lee-anderson-reportero-de-new.html. Muy interesantes...

Y para completar esta crónica también os recomiendo el enlace que he encontrado por la blogosfera de mi compañera Nuria Blanco: http://eldiapason.wordpress.com/2010/12/17/%e2%80%a6-y-a-pesar-de-los-malos-tiempos-hablamos-sobre-la-profesion-mas-bonita-del-mundo/

Espero que os haya gustado. Si queréis añadir algo podéis hacerlo en los comentarios.



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